Usted está en : Portada : Cultura Lunes 5 de septiembre de 2005

Conmovedor fin de un secreto que duró 58 años

Fuente: El Mercurio.

Claudio Teitelboim ha optado por no referirse al secreto que le fue revelado hace algunos meses.

El mundo literario y científico nacional se removió con la noticia que comenzó a circular, luego del homenaje que la Universidad de Chile le rindió al abogado Alvaro Bunster Briceño. Ese día, un secreto guardado por cinco décadas salió a la luz pública: el padre biológico del Premio Nacional de Ciencias, Claudio Teitelboim, no es el escritor Volodia Teitelboim, sino Alvaro Bunster, fallecido en el 2004.

El funcionario del Centro de Estudios Científicos de Valdivia, no ha querido referirse al tema con los medios locales, pero los diarios nacionales publicaron la historia. A continuación, el reportaje realizado por El Mercurio, publicado ayer en el cuerpo D:

 

 

Ya no tenía ánimo para la escritura. Hacía días que se negaba a comer. Su salud empeoraba. Fue en ese momento cuando la familia del Premio Nacional de Literatura y ex dirigente comunista, Volodia Teitelboim, decidió que debían internarlo en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Era el martes 29 de marzo de 2005.

Ese día, a la cabeza de la familia, quien se encargó de cada detalle de la hospitalización de Volodia fue quien hasta ese entonces era reconocido como su único hijo varón, el destacado físico y Premio Nacional de Ciencias Claudio Teitelboim.

Aunque nunca -como ambos han reconocido- su relación fue muy cálida ni afectuosa, en la ocasión Claudio estuvo muy cerca del anciano enfermo y, junto con preocuparse de su salud, buscó mantener en extrema reserva el frágil estado del escritor. Pero aunque amigos y parientes de Volodia desmintieron su gravedad, algunos empezaron a temer que el fin estuviera cerca.

Quizás por esa razón fue que, tan solo un mes después, a fines de abril, un cercano a Claudio quiso revelarle al científico una verdad que cambiaría su vida, un secreto guardado por más de medio siglo: su padre no era Volodia Teitelboim sino Alvaro Bunster Briceño.

Con una mezcla de incredulidad y desconcierto, el científico tomó el teléfono y llamó al conocido bailarín y coreógrafo Patricio Bunster. Sin titubear preguntó: "¿Tú eres mi tío?".

Al otro lado del teléfono sonaba un "sí" como respuesta. En ese instante, el hombre que dominaba como pocos materias tan complejas como la física cuántica y los agujeros negros, que dedicaba su vida a desentrañar los misterios del universo, se enteraba por fin del misterio más íntimo: su propio origen.

 

Universo secreto

Eran los años 40 cuando el joven Volodia Teitelboim, estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, conoció en sus aulas a otra joven y bella alumna, Raquel Weitzman.

No tardaron en iniciar una relación y pronto harían planes de matrimonio. En 1945, el mismo año en que se recibió de abogado, entraba a la comisión política del PC y se casaba con Raquel.

Pero a poco andar, el matrimonio comenzó a tambalear. Su esposa inició una secreta relación con el abogado Álvaro Bunster, a quien conocía desde sus días de estudiante en la escuela de Derecho.

En el invierno de 1946 quedó embarazada. Y un 15 de abril de 1947 nació Claudio. El nombre lo escogió su madre en honor a Claudio Arrau y Claude Debussy.

"No se puede decir con claridad lo que uno siente. La magia ha triunfado", escribiría en sus memorias Volodia rememorando aquel instante.

Aunque en esa obra -escrita medio siglo después- el intelectual reafirmaba su paternidad, siempre supo que Claudio no era su hijo biológico.

 

"El niño metafísico"

 

La acérrima militancia de Volodia no tardó en traerle problemas. En 1947, durante el gobierno de Gabriel González Videla, tan solo días después del nacimiento de Claudio, fue relegado a Magallanes. Y mientras Volodia permanecía en la clandestinidad, padre e hijo vivieron sus primeros distanciamientos. Su esposa Raquel, en tanto, trabajaba como abogada defendiendo a detenidos comunistas. Ella ya se había alejado de Álvaro Bunster, quien viajó a Brasil para hacer un postgrado.

Sólo en 1949 volvió a Chile para ejercer la docencia en la Casa de Bello, donde llegó a ser secretario general.

En la década del 50, Claudio crecía como un niño solitario y fanático de la lectura. Se encerraba horas en la biblioteca de su hogar en calle Rosas. Julio Verne y Emilio Salgari eran sus favoritos. Su ídolo, Sandokán. Era regaloneado por su madre y poco tocado por su padre, quien lo llamaba "el niño metafísico".

Con el tiempo la relación entre Teitelboim y Weitzman se fue estropeando y cuando Claudio tenía 13 años se separaron. A partir de ese momento, el niño Teitelboim vivió en casas de amigos de sus padres. Nunca más volvió a vivir con Raquel y sólo ocasionalmente con Volodia.

En sus últimos años de Humanidades fue alojado en casa de Santiago Aguirre del Canto. De esa familia guardaría los mejores recuerdos. Ahí llegaban Allende, Neruda, y su propio padre a visitarlo.

 

La nueva vida

 

Cuando su tío Patricio Bunster le confirmó el parentesco, un conmovido Claudio comenzó de inmediato a recuperar el tiempo perdido. Le dolía infinitamente no haber conocido a su verdadero padre, quien murió en México, donde estaba radicado, en abril de 2004. Además, había una familia por descubrir.

En silencio, hoy los Bunster reconocen que siempre supieron del lazo que los unía con el destacado físico. "Nosotros siempre lo quisimos de lejos. Esperábamos que lo supiera algún día. Desgraciadamente lo supo de manera indirecta. Nosotros no podíamos hacer nada. Álvaro quiso aclarar esto cuando vivía, pero no resultó. Y sufrió toda la vida por eso", señala uno de los Bunster, que mantiene su nombre en reserva.

Y agrega: "Aunque Álvaro estuvo casado y tuvo tres lindos niños, vivió añorando a este hijo, pero no podía hablar por un compromiso que había hecho con Raquel".

Incluso al interior de la familia comentan que Álvaro asistió de incógnito a algunos de los encuentros internacionales donde exponía su hijo científico. De lejos, contemplaba conmovido sus logros y pese a que el dolor lo corroía por dentro, respetó hasta la muerte el secreto.

Sus parientes vivieron con él la pena. Ellos incluso recortaban fotos y noticias de los diarios donde aparecía Claudio, que acrecentaba su fama internacional.

Tras el homenaje al abogado Álvaro Bunster realizado esta semana en la Universidad de Chile, al que asistió incluso el presidente Ricardo Lagos, toda la familia se reunió a almorzar. Eran más de 30 personas. En el encuentro, relatan quienes participaron, estar con Claudio era como estar con Álvaro. "Ambos -señala un familiar- tienen el mismo sentido del humor. Es como si siempre hubiera pertenecido a nuestra familia. Nos ha traído un consuelo enorme y ha llenado el vacío que dejó su padre".

 
 
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