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Martes 8 de septiembre de 2009
Regalaron radio portátil al "Viejito del acordeón"

Feliz como un niño estaba ayer Raúl Mautz, el "Viejito del acordeón". El motivo: cuando menos lo pensó tenía en sus manos un moderno equipo portátil "Kenwood", con el cual ahora puede comunicarse con amigos radioaficionados del país y del mundo. Y con los que ya ha tomado contacto.

El profesor y músico no vidente valdiviano dijo que deseaba agradecer públicamente a Carlos Godoy y Patricio Reyes, los nombres de sus "colegas" radioaficionados que le hicieron llegar desde Viña del Mar y Valparaíso el preciado regalo que a él, hasta le parece increíble. Porque nunca lo imaginó.

Sin embargo, admite que "Dios es grande" y su esposa Flor Seguel, asegura que "desde que tiene ese juguete en sus manos ya no duerme, porque habla a través de ese equipo toda la noche con sus amigos radioaficionados".

La radioafición es algo que Raúl Mautz lleva en el alma. Pero, un gastado y antiguo equipo que conservaba en su casa, ya casi no le permitía disfrutar de esa pasión.

SOLIDARIDAD

No quiso revelar más detalles del regalo, porque explicó que "la solidaridad de los radioaficionados, siempre es anónima". Sólo sabe los nombres de estos amigos de Viña del Mar y Valparaíso, que se enteraron de su difícil situación económica y del amor por la radioafición.

Además, nombró a Alejandro Villagra, un dibujante que lo retrató tocando su acordeón en la calle ("en mi oficina") y hasta con el monedero sobre el instrumento, dejándolo para la inmortalidad, como parte del paisaje céntrico y urbano de Valdivia. Tal como lo quieren y admiran numerosos amigos de facebook.

"El viejito del acordeón" le dicen cariñosamente, contraponiéndose a quienes se molestan con su música y que incluso lo han mandado a sacar de donde él se sienta a tocar -para hacer su recaudación - pasando frío y muchas veces hasta hambre, según su propia esposa.

EL ACORDEÓN

Mautz es hoy un músico feliz con su moderno equipo radioaficionado que llegó desde la Quinta Región, donde se enteraron de su condición, que es precaria.

Y más feliz sería un día, si entre sus manos pudiera acariciar un acordeón. Y si no es nuevo, al menos que esté en mejores condiciones que el que tiene actualmente y que le sirve para ganarse honradamente en la calle las monedas, para sobrevivir a una escuálida pensión.

Si bien aún en Valdivia hay indiferencia e indolencia, conociéndose su verdadera y real situación, existen personas que anónimamente lo han ayudado y le manifiestan su cariño y admiración por lo que hace con su acordeón.

"He recibido algunos estímulos en este último tiempo, que me han levantado de la cama y hacerme sentir con ganas de volver a mi "oficina" (la calle) a tocar", dijo ayer Raúl Mautz, un profesor de música, ex director de coro y de escuela, que aún debe seguir ganándose la vida en la calle entregando lo que sabe hacer : tocar su viejo y raído acordeón.