Año XXI - Nro. 7.769 - Domingo 18 de abril de 2004

Lafquenches: gente de mar

Una familia lafquenche desciende de lo que, junto con la carreta, ha sido su más frecuente medio de transporte. La llegada de la modernidad influye cada vez más en su forma de vida.

El territorio lafquenche es el mundo de los hombres de bordemar, del litoral y las vertientes de la Cordillera de la Costa. Tierra protegida por Guillechén, divinidad generosa que se encarga de velar por el bienestar de su gente.

 

 

Mariquina, comuna de territorio mapuche. A través de su recorrido, a pie, caballo o vehículo, se distribuyen campos, bosques, valle, cerros, río y mar.

Bordeando la ribera del río Lingue, que nace en la comuna de Lanco desembocando en Mehuín al mar, nos vamos adentrando sin duda a una zona costera notable que nos conecta con el pueblo lafquenche, con la gente (che) del mar (lafkuen).

El camino de tierra es largo, no es fácil llegar, territorialmente hablando, a los hogares mapuches. Sin embargo el ansia de conocer sus costumbres, su pasado y su presente, alienta a seguir la ruta. Junto al buen tiempo que nos acompaña, pasamos por Tringlo, Mehuín Bajo de donde se aprecia el río y a lo lejos el mar, por Missisippi y Alepúe; logrando llegar a Maiquillahue Alto, en donde se observa un gran territorio de mar, una de las más importantes formas de subsistencia del pueblo lafquenche.

A la orilla rescatan los productos del mar. Algas, cochayuyo, luche, erizos y pescado son sus principales fuentes de ingresos. Con esto logran sobrevivir durante todo el año, aunque se les hace difícil, según cuentan, por la llegada de industrias que trabajan sus insumos, dejándolos con poca producción. La modernidad ha cambiado sus vidas. Algunos señalan que para bien, otros para mal. Sin embargo, las condiciones de hábitat de los lafquenches han ido mejorando, las casas tienen luz eléctrica y agua potable.

 

EN CARRETA

 

Jaime Lienlaf, miembro del lof de Alepúe y funcionario del Programa Orígenes, señala que antiguamente, durante el período estival, las familias salían una vez al año a comercializar directamente los productos, teniendo como único medio de transporte una carreta de bueyes. Cambiaban sus insumos por trigo, el cual pasaban a moler a Lanco, abasteciéndose de harina para todo el año.

Actualmente esta práctica y tradición se ha abandonado, la llegada de la carretera, los autos, el camino pavimentado y la modernidad han impedido que este antiguo medio de comercialización se mantenga en el tiempo. Los hombres de mar han debido adaptarse a los nuevos tiempos, tratando de mantener vivas sus tradiciones y su cultura ancestral.

Gilberto Hualme, integrante de la Asociación de Pescadores Lafkenches nos señala que la última vez que salió en carreta, fue hace 15 ó 20 años, "Yo mismo salí muchas veces para afuera, hartos años trabajé en carreta, era distinto a lo que es ahora. Nosotros antes sacábamos el cochayuyo, el luche, el pescado. Andábamos 20, 25, 26 días. Ahí recién Estábamos volviendo, pero traíamos cualquier cantidad de harina, porque el trigo que conseguíamos lo pasábamos a moler y teníamos el sustento para el año. Estábamos tranquilos, lo único que nos preocupaba era trabajar el mar. Ahora es distinto, no lo hacemos por los caminos, en camino ripiado los bueyes no son capaces de llegar ni a San José". Este proceso era una forma de manejo sustentable, se trataba de no agotar el producto.

"Antes había camino de tierra y había orillas, espacios de la panamericana donde se podía traficar. Buscábamos puro camino de tierra, ahora no se hace porque hay caminos pavimentados, tenemos que pagar peaje...".

 

 

Eugenia Schönherr C.


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