Señor
Director:
Con profundo pesar me he impuesto del fallecimiento del ex-director de El Correo de Valdivia, precedente de El Diario Austral, que usted dirige, don Arturo Villalobos Carrasco. A los setenta y cuatro años ha muerto. Una edad en la que recién otros seres humanos, independientemente del destino individual, nos preparamos a morir, según la media de mortalidad que nos vaticina la arrogancia de la aldea global. Tuve la suerte de conocerle y apreciarle como profesional y ser humano en mis inicios periodísticos, combinando la filología con el universo inmediatista del periodismo, en una etapa particularmente aguda y vibrante de la vida de nuestro país. Me refiero a las postrimerías de los años sesenta, en que era director del entonces El Correo de Valdivia, Rafael Kittsteiner, un periodista comprometido y vibrante que vino a remecer la concepción tradicional de El Diario Ilustrado y de su formato trasladado a los diarios de la Soc. Periodística del Sur. A la fugaz y dinámica imprenta de Kittsteiner, vitalista, exuberante, rupturista, como su carácter, sucedió Arturo Villalobos, su antítesis en materia de aproximación vital a los hechos, contenida, criteriosa, evaluativa y didática. Con Arturo Villalobos, con este valioso hombre del periodismo del sur aprendí a vivir todo eso. Fue un maestro y fui un discípulo suyo, que me enseñó a no decir "consensos unánimes", que me dijo nunca digas que "escapó milagrosamente" porque los milagros no resultan comprensibles para los espíritus agnósticos y es mejor decir, providencialmente; que una y otra vez nos repetía, en las tres primeras líneas, en el "lead", está resumida, escrita y vivenciada íntegramente la noticia. Un hombre, en mi concepto, especial, irónico y suave. Jamás arrogante, más bien humilde. Probablemente, por eso, imborrable. El y yo, junto a muchos otros en este país, pertenecimos a la generación devastada. Nos sumergimos en el tributo generacional de nuestra patria. Nos dejamos llevar por la marea histórica. Sufrimos la lejanía de los amigos próximos sin jamás odiarlos. Reservándome la esperanza de que estos simples conceptos y recuerdos sirvan en algo para paliar el dolor de los que sufren la partida de este hombre para mí importante. Eduardo Hunter Periodista Concejal de Máfil |